
Fue fundado en el siglo XII por Fray Martín de la Vega y posteriomente en 1203, fue traspasado a la orden del Císter, convirtiéndose en comunidad monástica autónoma.
En este monasterio llegaron a convivir en su época de esplendor, entre los siglos XII y XVII, hasta una veintena de frailes benedictinos. Además también era centro de estudios al que acudieron los más granados personajes de la comarca.
En el siglo XVIII, con la detención del abad por la adhesión del monasterio a las tropas carlistas, se produce la exclaustración definitiva del monasterio y se cierra una página importante en la historia de Villanueva de Oscos.
Visita guiada todos los días a las 18:00 horas excepto el miércoles. Imprescindible concertar cita previa.
Las personas que hayan concertado la cita deberán estar a esa hora en la puerta de la Iglesia del Monasterio.
1 euro
Los doce puentes que cruzan los ríos Monjardín y Suarón se han convertido en un signo distintivo de la villa de Vegadeo. Son, a un tiempo, símbolos de unión y acercamiento entre los distintos barrios que la conforman y lugares de tránsito desde los que los veigueños asisten al discurrir de unos ríos que son parte indisoluble de su cultura.
El caserío Viduedo es una ganadería ecológica certificada situada en la aldea de As Poceiras, donde los animales se crían en contacto directo con el entorno, alimentándose todo el año de praderas naturales, lo que es garantía de salud y calidad.
La casa donde nació Antonio Raimundo Ibáñez, Marqués de Sargadelos (1749-1809) es actualmente un espacio expositivo dedicado a la vida y la obra de este comerciante, industrial e ilustrado, que a fines del siglo XVIII construyó en Sargadelos (Cervo, Lugo) una de las primeras fábricas de fundición de hierro colado y de loza de España.
Quedan vestigios en la comarca de los Oscos que nos cuentan que la minería fue una actividad que se desarrolló en la zona desde tiempos prehistóricos. Antes de la conquista de los romanos, los pobladores de esta región ya buscaban pepitas de oro en los placeres de los ríos. Pero fue tras la llegada de éstos cuando se potenció esta industria. En la época Flavia, a principios del siglo I d.C., se vivió una primera edad de oro. Los castros resurgían como consecuencia de las explotaciones y el paisaje se vio salpicado de pequeñas industrias de las que aún quedan restos como: forjas, hornos de función y muestras de la tecnología que se empleó para la explotación del yacimiento.